Noticias

Feministas a tiempo completo

By 6 Diciembre, 2019 No Comments

Por Voluntarias LRC – Región Metropolitana

 

“SER MUJER ES EL PROBLEMA” Es lo que decía al centro del pliego de papel amarillo, en grandes letras negras. Me quedé con una sensación amarga hacia este sistema que nos ha llevado a pensar que el problema somos nosotras. Fue el 20 de noviembre en el Museo de la Educación Gabriela Mistral, durante el XI Seminario de Educación y Género.

Pero qué suerte la nuestra tener compañeras tan poderosas que, cinco días después, en el marco del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, nos corrigieron fuerte y claro, cantando: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía / El violador eres tú” (Colectivo Lastesis).

Pero volvamos al seminario. Con La Rebelión del Cuerpo realizamos un taller “El testimonio como terreno de emancipación de las mujeres”. Hacia el final, me desplacé por la sala lentamente y en direcciones errantes, rodeando las mesas para espiar qué es lo que escribían y conversaban las mujeres.

La tarea no era exactamente simple. Tras haber leído grupalmente algunos testimonios de mujeres sobre diferentes tipos de violencia de la que eran o habían sido víctima alguna vez, las que estaban debían reunirse en grupos y conversar sobre cuál testimonio les había generado mayor identificación emocional y por qué. Luego, en un pliego de papel amarillo, tenían que escribir todas algún párrafo o frase referida a experiencias personales que pudiesen haber recordado con el ejercicio.

No es fácil exponer la intimidad. La dificultad algo se reduce cuando el espacio es seguro, y en este sistema no hay más seguro que aquel en el que solo habemos mujeres. Ahí reside la tan vapuleada lógica del separatismo, con el que buscamos recuperar voz, poder y  sentirnos soberanas frente a tanto espacio en que se nos relega a ciudadanas de segunda categoría.

Les tomó tiempo comenzar a escribir, el pliego de papel amarillo se mantuvo impoluto mucho rato. Las vi conversar, escuché frases con las que me habría largado a llorar, pero las vi apañándose y eso me jalaba el centro del pecho hacia el cielo y me sostenía el paso. Escuché a una mujer joven decir que en el colegio siempre la habían tratado de puta y a otra que su familia siempre le había pedido que fuera más femenina, “Pero y ¡qué es eso! ¡qué es ser femenina!” cerró vehemente esta última.

Les avisé que se nos iba el tiempo y se pusieron manos a la obra. Comenzaron a escribir. Entre muchos, predominaba ese testimonio: “SER MUJER ES EL PROBLEMA”.

Se me desacomodó algo y quise decir que no. Que el problema no es ser mujer, que el problema es el sistema que nos hace sentir así. Pero no podemos tapar el sol con un dedo y ese es el testimonio de una mujer violentada por este sistema.

Cerramos con un unánime, “nos vemos el lunes en la marcha”. Quizás no nos veríamos, pero definitivamente ahí íbamos a estar. Había quedado en evidencia, una vez más, que en esa sala no solo nos unía el género, sino también el haber sido víctimas de violencia. No hay, entonces, nada más orgánico que pararnos con la frente y el puño en alto para gritar ¡BASTA!.

En los más de 40 días que van desde que Chile despertó, la violencia hacia mujeres y niñas ha sido infatigable. Hemos leído testimonios y reportes de denuncia que nos recuerdan que no hemos ganado nada, son las evidencias de que la violencia política sexual sigue siendo un método para sembrar miedo e intentar desarticularnos. Si el daño irreparable a quienes configuramos el 50% de la población sigue siendo una herramienta de la violencia represiva del Estado, llevamos una vida peleando sin vencer.

Y el horror tiene un rostro. El Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género tiene por rostro (y no voz) a Isabel Pla. De su parte, las mujeres hemos recibido silencio y displicencia, para después encontrarnos en la prensa con una foto de la misma, sonriente y satisfecha, de vestido blanco, sosteniendo un acuerdo.

El documento, firmado junto a ONU Mujeres, busca prevenir y enfrentar la violencia durante las protestas. El contenido del acuerdo es debido, eso no está en cuestión. Llega tarde, eso tampoco está en cuestión. Ahora hay que vigilar su cumplimiento, pues en época de firma de acuerdos, como pueblo tememos que nos estén pactando, tememos que nos pasen gato por liebre (porque puede que nos haya pasado antes, ¿no?).

La ministra, amparada por el gobierno, contribuyó con su mutismo a que se alzara un testimonio compartido que dice: “SER MUJER ES EL PROBLEMA”. Así de profundo cala que nos maten, nos violen, nos silencien, nos empobrezcan. Pero el 25 de noviembre despertamos de nuevo, porque salimos a las calles y nos apropiamos una vez más del espacio público. Más aún porque Lastesis crearon la consigna que en adelante cantaremos en cada marcha, cada concentración y cada asamblea.

Protestamos, consignamos, querellamos, denunciamos, funamos. Ahora es cuando tenemos que hacernos cargo de la dicotomía del movimiento social y la institucionalidad. Más allá de su pertinencia, el 15 de noviembre se firmó el acuerdo que puede abrir la oportunidad de que Chile sea diferente. Se supone que comenzó un proceso constituyente en el que en un año más deberíamos estar redactando una nueva constitución.

Las constituciones son cuerpo y alma de un pueblo, son sus valores, principios, derechos y deberes. Este pueblo es mitad mujeres y resulta que estamos subrepresentadas, excluidas, discriminadas, oprimidas, disminuidas y silenciadas. Se esconde en la cultura, pero también en la constitución y las leyes, de lo que se desprende la dicotomía movimiento social/institucionalidad. En el primero hemos avanzado, pues la palabra deconstrucción se volvió perogrullada en un año. La declaración de “en deconstrucción” (sea genuina o no) respecto del machismo y el orden patriarcal, se ha vuelto popular.

Ahora nos toca, a las mismas que hacemos el movimiento social, el trabajo institucional. Porque ni con ministerio propio se nos protege, ni con Ley de Cuotas se nos representa. Nos toca, como bien ya dijimos, formular una #ConstituciónConNosotras. Esto implica una serie de acciones con miras a la institución, pero los pisos básicos son dos, sin los que no aceptaremos este proceso y seremos incansables en obstruccionismo.

El primero es verdad, justicia y reparación frente a las violaciones de Derechos Humanos y el ejercicio de violencia, especialmente hacia las mujeres. El segundo es la paridad asegurada en cada una de las etapas que vienen en el proceso.

Esto nos convoca a un feminismo de tiempo completo. Por un lado, no abandonaremos la calle, donde marcharemos, cantaremos, gritaremos y bailaremos. Pero por otro tenemos que representar y estar representadas en la toma de decisiones, además de incidir, vigilar y fiscalizar el quehacer institucional.

Porque la culpa no era nuestra, ni dónde estábamos, ni cómo vestíamos. Ser mujer no es problema y sí lo es el sistema, sí lo es el gobierno, el Estado y la Constitución. Si al margen de nuestro interés se firman acuerdos, nosotras los fiscalizaremos y nos ocuparemos de que nunca más una hermana piense que ella es el problema. En La Rebelión del Cuerpo nos declaramos feministas de tiempo completo al servicio de este objetivo. La lucha, hermanas, recién comienza.

 

Leave a Reply