Feminismo

¡Qué viva maternar y las madres diversas!

By 12 Mayo, 2019 No Comments

Por #ContenidosLRC

 

Siendo hoy una nueva celebración del día de la madre en el país, creemos necesario reflexionar sobre el estereotipo de género más persistente en la vida de las mujeres: la maternidad. ¡Qué duda cabe que es así! Hagamos el siguiente recorrido. Probablemente, muchas de nosotras tuvimos una muñeca como primer juguete y nos imaginamos – en un pensamiento casi automático –que de grandes seríamos madres e, incluso, pensamos en la cantidad de hijos que tendríamos y los nombres que elegiríamos. A partir de nuestra primera menstruación alguien ya nos advirtió “cuídate, no quedes embarazada” para, unos años después, volver a advertirnos sobre nuestro “reloj biológico”. Como mujeres adultas, puede resultar angustiante y contradictorio que, por un lado, se nos demande “¡por favor, ten hijos!”; mientras que, por otro, los medios de comunicación replican información que describen los efectos casi irremontables que tiene la maternidad sobre la vida laboral y la calidad de vida de las mujeres, “¡por favor, no tengas hijos!”. La maternidad y el estereotipo de lo que ‘una madre’ debe ser son transversales y omnipresentes en nuestras vidas. Por ello, nos parecen los ejemplos perfectos para explicar cómo los estereotipos de género se traducen y (re)producen desigualdades de género a nivel estructural.

Desde el feminismo, la maternidad resulta problemática y motivo de reflexión. Simone de Beauvoir fue una de las primeras en cuestionarla y verla como una atadura impuesta a las mujeres, como un destino natural. Luego, Esther Vivas describe a la maternidad como una construcción social que relega a las mujeres al espacio privado, que invisibiliza lo materno, y limita a las mujeres al ideal de la “madre sacrificada”. De esta manera, no sólo nos enfrentamos a la pregunta sobre si queremos tener hijos (o no); sino que, también, sobre qué tipo de madre queremos ser y cómo lograrlo en una sociedad que te juzga constantemente. En este sentido, desde el feminismo, nos preguntamos cuál es la posición de la maternidad en nuestra sociedad y qué podemos hacer para que ‘ser madre’ sea una experiencia socialmente justa.

Vivimos en una sociedad patriarcal y machista, en un escenario poco ideal para mujeres y, por supuesto, para ser madres. Los ejemplos sobran: la violencia obstétrica y ginecológica, el impuesto rosa, la discriminación en el sistema de salud por estar en edad fértil, la brecha salarial, las dificultades para obtener licencias médicas y permisos de maternidad, el efecto techo, la responsabilidad (absoluta) del trabajo doméstico, la exigencia de postergación y sacrificio, los cuestionamientos a amamantar en público, y la eterna demanda de perfección en la crianza (parto natural o cesárea, colecho o cuna, lactancia exclusiva y a libre demanda o combinar con lecha de fórmula y horarios). Y la lista suma y sigue.

La maternidad – y los cuidados, en general, el maternar – es un costo social asumido únicamente por las mujeres; y que creemos que ahí es donde reside el problema. Si lo vemos desde el plano simbólico, sólo a las mujeres se nos enseña a maternar, vale decir, a cuidar de todo y a todos los que nos rodean: a nuestros familiares, amistades, parejas, exigiéndosenos poner los intereses y el bienestar ajenos antes que los propios. Si lo vemos desde el plano estructural, todo lo asociado a maternar es un costo que pagan únicamente las mujeres. De allí que estos trabajos u oficios definidos como ‘femeninos’ – secretarias, educadoras, enfermeras, matronas, casa de casa particular, auxiliares, etc – cuenten con menores remuneraciones y estatus social que aquellos definidos como ‘masculinos’ – como ingenieros, abogados, científicos, etc. En el fondo, el estereotipo de la “madre sacrificada” (re)produce no sólo la desigualdad de género sino que los (dis)valores una sociedad machista: no es amo

El maternar parece no tener acceso en el mercado laboral no por efecto de ‘la mano invisible’, sino porque ‘ser madre’ tiene una función intrínsecamente política: maternar es revolucionario en la medida en que sea diverso y trascienda a las mujeres. En esa dirección, si nos valemos de la contingencia, apunta el proyecto recientemente aprobado que permite la adopción a parejas lesbomaternas y homoparentales. Maternar trasciende el género y la capacidad de concebir, gestar y parir: todos, todas y todes podemos decidir amar y cuidar a otras personas, y compartimos el derecho y la responsabilidad de hacerlo más allá de la decisión de engendrar o no engendrar.

Por eso, en el Día de la Madre, ¡qué viva maternar y las madres diversas!

 

 

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