Feminismo

Es 8 de marzo y no queremos flores, ¡exigimos derechos!

By 10 Marzo, 2019 No Comments

Esta semana distintas empresas y municipios se han colgado de la conmemoración del 8 de marzo y del movimiento feminista en sus publicidades y eventos. Las primeras, aludiendo a las desigualdades de género y ofreciendo rebajas en la compra de ropa o descuentos en comida dulce – obvio, a qué mujer no le gustan la ropa y los chocolates –. Los segundos, con celebraciones en la plaza comunal, con cotillón, artistas añejos, y flores – obvio, a qué mujer no le gustan las flores –. Así, parecen no tener idea o no importarles lo que significa el día de la mujer, un día que surge con el objetivo de recordar y conmemorar la lucha de las mujeres por su participación, en condiciones de igualdad, en la sociedad.

Aclarémoslo desde ya. El 8 de marzo no es una celebración festiva al género femenino entendido como se ha impuesto socialmente hasta ahora, en el que las mujeres debemos ser modositas, sumisas, calladitas y bien portadas. No. No es un día para continuar promoviendo que seamos las reinas de la cocina y de los salones de belleza, aprovechando descuentos comerciales. No. Tampoco es el día para que nos intenten anestesiar frente a las desigualdades y violencias, haciéndonos creer que somos un poquito más libres sexualmente mirando mover las caderas a Fabricio, o cantar un doble de Luis Miguel ¡No!

Es una falta de respeto, un insulto, que existiendo un mundo construido sobre una desigualdad de género brutal – con feminicidios en incremento, con violencias de todo tipo hacia las mujeres y las niñas, con una falta de derechos sexuales, reproductivos, políticos, económicos y culturales para las mujeres – los municipios propongan una dulce, hostigosa y florida celebración, y que las empresas retraten en su publicidad la lucha feminista con el mero objetivo de aprovechar el día para incrementar las ventas, ofreciendo descuentos en compras para las mujeres – obvio, a qué mujer no le gustan las compras.

Dichas propuestas nos hablan de organizaciones y equipos profesionales que omiten la necesidad de realizar transformaciones estructurales, que apunten a la igualdad entre mujeres y hombres.

Tampoco se trata de que las instituciones hagan vista gorda frente a las desigualdades de género, sino de comprometerse con responsabilidad en el logro de la igualdad. ¿Qué pueden hacer, entonces, si de verdad quieren contribuir a un cambio? Pues comenzar por casa y revisar los derechos de sus propias trabajadoras, como la igualdad salarial, el respeto de prenatales, postnatales y lactancia, establecer el día 8 de marzo como fecha conmemorativa, garantizar que puedan participar de la huelga sin perder su trabajo o descontar horas, crear protocolos sobre acoso sexual dentro del trabajo, entre otros.

Igualmente con sus clientas, pueden diseñar manuales de reacción frente al acoso, discriminación o violencia machista dentro de sus locales, capacitar a los trabajadores sobre atención no sexista, instalar mudadores en baños de hombres y mujeres, prohibir publicidad sexista propia o de proveedores, o establecer precios éticos sobre productos que alzan su valor sólo por ser catalogados “para mujer” (pink tax), y así, periódicamente incluir una perspectiva de género en la cultura de su institución, como parte de su responsabilidad social.

La utilización del 8M como una instancia de celebración a un concepto de mujer prejuicioso y condescendiente, invisibiliza nuestras demandas y perpetúa estereotipos de género que persisten en coartar nuestras capacidades y libertades. Por otro lado, la integración de elementos discursivos feministas dentro de la publicidad tampoco nos es útil si va de la mano de descuentos o extensión horaria de tiendas, porque igualmente le quita visibilidad al  sentido de nuestra conmemoración, y la reemplaza por cánones que nos hacen daño. Una rebaja en el precio del maquillaje o la producción de comida con forma de corazón no es más que una ofensa para, por ejemplo, una mujer víctima de violencia machista que se moviliza  por justicia.

En este Día Internacional de la Mujer, no agradecemos la manipulación oportunista del mercado, la producción ignorante de las celebraciones municipales, ni la omisión festiva hacia la vulneración de nuestros derechos.

Por Daniela Navarro. Socióloga, Mg. en Metodología de Investigación en Ciencias Sociales.