Testimonio

Voy a hacer una confesión muy íntima

By 31 Enero, 2019 2 Comments

VOY A HACER UNA CONFESIÓN MUY ÍNTIMA: NO ME PREPARÉ PARA EL VERANO. La verdad es que lo intenté pero no me resultó. Lo he intentado desde hace 10 años y aún no lo consigo.

El año pasado lo logré, haciendo ejercicio, comiendo casi sólo fruta y comiendo casi todos los días sólo desayuno. Cuando entré a clases muchas personas me decían como halago que había bajado de peso, que estaba más bonita, más “regia”, sin saber cómo lo había logrado. Logré entrar un poco en el cánon y sentí su aprobación.

A los 11 mis familiares me dijeron que estaba gorda y que eso estaba mal. Me molestaron, me compararon, me vigilaban cómo comía, me decían que hundiera la guata cuando salíamos (porque parece que es una vergüenza no ser flaca). Me llegué a sentir tan miserable y fea que empecé a tener ataques de ansiedad y a tener atracones de comida. Luego sentía asco de mí misma y me provocaba vómitos.

No me di cuenta en qué momento empecé a hacerlo, pero me controlaba la culpa, el asco por mí misma, la ansiedad de no saber qué hacer, y ese pensamiento que muchxs hemos tenido: “Cuando tenga el cuerpo ideal, pararé”.

En cierto momento me puse a hacer ejercicio y bajé harto de peso pero yo quería más: quería ser flaca como mis amigas, como las niñas de la tele y de la Seventeen, porque las cabras de los medios tienen un abdomen esbelto y bonito, no como yo que seguía teniendo guata, piernas gorditas, celulitis, estrías, várices, etc. En algún momento de mi enfermedad un conocido me descubrió (quizás porque estaba débil y me desmayaba caleta) y tuve que contarlo, e ir a terapia y todo eso. Me sané (al parecer).

Entonces ya no vomité más pero seguí haciendo ejercicio y todo eso. Me sentía mejor pero algo en mi cabeza me seguía diciendo que no era “tan” flaca como podría ser. Desde el año pasado he vuelto a tener trastornos alimenticios por etapas: algunas veces dejaba de comer; otras, volvía a vomitar. Sí, el año pasado lo hice muchas veces pero con la conciencia que eso estaba mal; entonces, cada cierto tiempo, volvía a entrar en razón y a dejar de hacerlo. Igual recordaba los comentarios de amigas como “oye, ¿a ti no te preocupa ser gorda?”, o el de familiares “oiga, usted no ha vuelta a ser gordita como antes?”. Así que volvía a sentir la presión de tener que bajar de peso: volvían las manías, pesarme todos los días, evitar al menos una comida al día, almorzar sólo verduras, tragarme 3 litros de agua al día, y tratar de hacer ejercicio con la poca energía que me quedaba por comer mal.

Sí, he vivido más de la mitad de mi vida pesándome, mirándome la guata, llorando por sentirme asquerosa, y quedándome en la casa por sentirme gorda y fea. ¿Y qué es lo que me daba tanta vergüenza? Si, además de haber tenido sobrepeso a los 14 años, nunca he tenido ningún problema de salud.

¿Saben cuál es el problema? La GORDOFOBIA. Eso que nos meten por los ojos desde que somos chicxs: con muñecas Barbie y Rosalba, flacas como tablas, artistas de Hollywood flaquísimas, comerciales de Siluet 40, dietas para el verano, con la cucharada que nos ha metido el sistema y la publicidad desde siempre: LA INSEGURIDAD. Inseguridad para vendernos dietas y productos en vez de decirnos que todos los cuerpos son diferentes porque, claro, es más fácil hacernos creer que hay un solo modelo de belleza.

Tenemos organismos, vidas, cuerpos, y experiencias que nos hacen diferentes. ¿Cómo y por qué aspirar a ser todxs iguales? No podemos ser todxs delgadxs y, más importante aún, NO TENEMOS NADA QUE DEMOSTRARLE A NADIE. Debemos tener la suficiente seguridad y amor propio para saber que lo que tenemos por entregar es mucho más que un físico y una respuesta al “qué dirán”.

Muchas amigas me dicen que “les gusta” la delgadez. Y, OBVIO, porque nos han lavado el cerebro diciéndonos que “ser flaca es bello” y que “ser gorda es asqueroso”. Nos han hecho sentir asquerosas – a mí me han hecho sentir asquerosa más de la mitad de mi vida. Y, OBVIO, quieren seguir haciéndolo. Pero NO PERPETUEMOS LOS CÁNONES QUE NOS ENFERMAN, que nos hacen sentir insuficientes.

Hoy en día me siento bacán y no porque me sienta bonita a pesar de tener rollos y todo eso. Es porque “ser bonita o no” ya no es prioridad. Me siento bacán porque soy feliz, me rodeo de amor, me encanta aprender, quiero viajar, seguir creciendo, y ayudar a la gente. No sé si algún día voy a ser flaca como tanto quise pero no me importa. Me pueden decir que “no soy linda” pero sé que lo soy, que siempre lo he sido, y que todxs lo somos.

Hago esta confesión como forma de protesta, porque quiero liberarme, y no quiero que ninguna persona pase por la tortura mental que pase yo. Sepan que no son perfectxs pero que son increíbles y que tienen un potencial único. No dejen que nadie les haga pensar lo contrario.

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