Testimonio

Testimonio desde Taiwán

By 25 Enero, 2019 No Comments

Hoy salí a bailar con mis amigos, uno de ellos estaba de cumpleaños, así que salimos a celebrar. Como a las 2.30 de la mañana decidí irme, aún estoy en finales en la U, así que quiero que mi domingo sea productivo. Les dije a todos que me iba y que no se preocuparan.

Salí del lugar y como el clima estaba rico me dieron ganas de volverme en bici. Tomé una de las transporte público y empecé a pedalear, como a la mitad de mi ruta pasé por un McDonald’s y me dieron ganas de comer una papitas y paré; las pedí y me senté a comer.

Empecé a mirar a mi alrededor y había muchos grupos de hombres, comiendo, riendo. Cerraban la noche en McDonald’s como yo.

Y me empezó a dar pena, yo estaba ahí, con vestido corto, boca roja y, como está un poco fresco, con medias caladas, como a mí me gusta.

Estaba rodeada de hombres, grupos de hombres, pero nadie me miraba, nadie intentó iniciar conversación alguna, nadie me dijo algo asqueroso o grosero.

Al comienzo de mi viaje en bicicleta, ni siquiera me había cuestionado que podría ser peligroso, que soy una mujer sola, vestida de fiesta. Que son pasadas las 3 de la mañana. Pero así es vivir en Taiwán.

Salí de McDonald’s y ahí estaba la bici, sin candado, estacionada donde la dejé. La tomé y seguí pedaleando mientras pensaba en la libertad que siento en este país, lo independiente y autosuficiente que me siento en todo momento.

Lo sé, en Asia en general hay mucho en lo que hay que avanzar en materia de igualdad de género, pero me corrían las lágrimas pensando en que mi hermana, mis amigas, la gente que yo quiero no es capaz de sentir lo que yo estoy sintiendo en este momento.

Poder pedalear por las calles de la ciudad que sea, sola, a cualquier hora, sin ser objeto de comentarios que nadie pidió, sin ser seguida, sin que algún auto se detenga y diga alguna estupidez. Sin enfrentar a un grupo de hombres, porque todas sabemos que los hombres en grupo son de temer.

Porque no es que los hombres tengan necesidades y deseos irrefrenables, es la cultura del macho latinoamericano, es la forma en que fuimos criados, es una sociedad que avala la violencia y las violaciones, culpando a la víctima, porque cómo andaba sola de noche vestida así.

Pues yo anduve de noche vestida así y no me pasó nada, nadie me miró siquiera. Me crucé con tanta gente en el camino, principalmente hombres y siempre me sentí segura y respetada.

No hay día en que no piense en regresar a mi país y estar con quienes amo… pero es tan difícil pensar en volver a vivir en un lugar en el que no me sentiré segura.

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