Testimonio

Historia de trastornos alimenticios

By 20 Diciembre, 2018 No Comments

Mi testimonio es sobre desórdenes alimenticios. Los he tenido desde que tengo uso de razón ya que desde muy chica me enseñaron a sentir vergüenza de mi cuerpo. Siempre tuve sobrepeso, lo que significó burlas por parte de mis compañeros del colegio, de mis primos, creo que de prácticamente todo el mundo. Mi mamá tomaba pastillas para no tener hambre y pegaba dietas en el refri. Antes de entrar a un lugar, me decía que hundiera la guata, y el pediatra donde iba con mis hermanos siempre decía que tenía que bajar de peso ya que “la sociedad no acepta a la gente gorda”. Esto último me lo contó mi mamá hace poco, yo afortunadamente, no recuerdo al doctor diciendo eso. De todas maneras, yo no la culpo, ya que ella tenía sus propios trastornos alimenticios y autoimagen distorsionada. Todo el día decía que estaba gorda y que tenía que adelgazar. Yo juraba que tenía una mamá obesa y que yo era igual.

Me daba vergüenza decir que tenía hambre o que me gustaba alguna comida. Me escondía para comer pan y pasaba de dieta en dieta. Todo esto antes de cumplir los 10 años.

Cuando tenía 12 años decidí por mi cuenta que quería adelgazar, así que le pedí a mi mamá que me llevara a un nutricionista. Estando allá, me dieron una tabla de los alimentos con sus respectivas calorías y me dijeron que anotara todo lo que comía. Lo hice religiosamente por dos meses y bajé 8 kilos. Me juntaba con mis amigas y las miraba comer. Me llenaba de Coca Cola light y jalea. A veces me desmayaba pero me veía “linda”. Ese verano di mi primer beso, se me declaró otro niño, empecé a ir a fiestas, y la gente me trataba diferente. Había entrado al mundo de los “flacos”, pero lejos de estar feliz, me sentía cada vez más insegura. En esa época fue cuando empecé con los atracones, que me llenaban de vergüenza y auto-odio. Subí rápidamente los kilos que había bajado y me deprimí tremendamente. Sentí que había fallado.

Al llegar a la adolescencia llegué a la anorexia y a la bulimia casi de manera natural. Mirando hacia atrás me parece imposible que hubiese tenido otro destino. Podía bajar entre 8 y 10 kilos en dos semanas y subirlos en un mes. Cada vez que me decían que estaba más flaca, me sentía triunfante, aunque significara que había botado la mitad del almuerzo a la basura. Siento que mi principal problema era que me sentía invisible. La gente suele tener la visión de la anorexia y la bulimia como la mina que está en los huesos, que se está muriendo, y eso es en los casos severos. Yo, por suerte, nunca llegué a ese extremo y me mantenía dentro de un rango saludable de peso, por lo que “pasaba piola”. Después me enteré que la gente incluso hablaba a mis espaldas. Mis tíos diciendo que comía muy poco, mis compañeras diciendo que me iba a vomitar al baño después de almuerzo (cosa que nunca hice), y así. Todos parecían estar llenos de opiniones, pero sin ofrecer ninguna ayuda.

Cuando ya no daba más y conversé el tema con mi mamá, ella lo tenía muy normalizado y no le tomó el peso, total, ella era igual.

Para resumir, la bulimia continuó hasta aproximadamente los 21 años, cuando toqué fondo luego de pasar por relaciones que no hacían más que reafirmar el poco valor que yo me daba a mí misma.

Hoy tengo 31 años y, si bien ya no tengo conductas de anorexia y bulimia, aún tengo una relación complicada con la comida y mi cuerpo. Me cuestiono mucho el cómo me ven los demás, y aún tengo esa idea que “soy diferente”, a pesar de estar en un peso más o menos saludable (tengo 1 kilo de sobrepeso). He estado en terapia por años por éste y otros temas y he avanzado tremendamente, pero aún me falta. Tengo una sobrina de 3 años y me gustaría que creciera en un mundo que no lucrara con sus inseguridades. Que no le digan desde chica la forma que tiene su cuerpo. Que otras niñas no le digan que “tiene que adelgazar o si no los hombres no la van a querer” (me dijeron eso textual y me lo creí por años, parte de mí aún lo cree).

En fin, podría enumerar un montón de situaciones pencas relacionadas con la gordofobia y la autoimagen, pero el mensaje que quiero dar es que a veces nuestra lucha es invisible y no tiene por qué ser así. Que aunque vivamos en un mundo que insiste en que sólo hay un tipo de belleza, que nos miremos con honestidad en el espejo y entendamos que tenemos defectos y cualidades igual que todes. Que nos amemos independientemente de todo eso.

Desahogo
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