Testimonio

No quiero seguir en guerra conmigo misma

By 15 Diciembre, 2018 No Comments

La verdad es que mi relación tanto con mi imagen corporal como con mi “intelectual” es algo que siempre ha sido tema para mí.

Cuando niña siempre fui catalogada como “lenta”: en el colegio me iba mal, aunque estudiara sólo lograba un 4. Las comparaciones, por ejemplo, con mi primero siempre existieron: era más chico que yo pero “más inteligente”, “más rápido” porque aprendía “al tiro”; en cambio, a mí, se me hacía todo más dificultoso.

Después, en mi adolescencia, tuve sobrepeso. Era muy sedentaria y me gustaba (aún me gusta) mucho comer. Todo cambió cuando entré a estudiar teatro (soy actriz) y me volví mucho más activa gracias a los ramos de movimiento.

Llegó un momento en que me realmente me empecé a sentir incómoda con mi cuerpo así que decidí ir al gimnasio. Mi primer día fue llegar, pesarme, y que el personal trainer me dijera “tienes sobrepeso”. Eso ya lo sabía. Mi papá y mi mamá se habían encargado de decírmelo desde mi adolescencia con “bromas” en la playa como “la foca no se quiere bañar” (y, sí, la “foca” era yo). En el colegio, mis compañeros siempre me molestaban por ser pechugona, por tener “nariz de chancho”. Todo esto me generó una vergüenza enorme. Sentía mucho pudor de ser como era. Como si estuviese obligada a sentirme mal por “el tamaño de mi cuerpo”.

No sé si estoy siendo clara escribiendo esto. Me vienen muchas emociones al mismo tiempo y se me llenan los ojos de lágrimas.

Sigo. Luego de ir al gimnasio durante dos meses y de empezar a comer sano (dejé las frituras, la carne, el azúcar, y los alimentos procesados en general), logré bajar de peso. En mi círculo, sin excepciones, me decían “¡qué flaca, te ves súper bien”… pero, al poco tiempo, empezaron comentarios como “oye, se te fueron las tetas”, “¡qué huesuda te ves!”, “oye, ya, pero come algo”, “era más linda cuando estabas más rellenita”. Obviamente, me comencé a obsesionar por estar cada vez más delgada (aclaro que jamás dejé de comer, simplemente hacía mucho ejercicio y comía mejor).

Llegó un momento en que volví a comer las cosas que había dejado de lado y, cuento corto, subí de peso. Esto me generó mucha angustia, al nivel que no podía controlar las ganas de comer todo lo que había dejado para estar delgada. Tengo 23 años y jamás he ocupado bikini, nunca me he atrevido… así que cuando comencé a bajar de peso mi sueño era estar tan flaca para poder usar bikini y sentirme cómoda.

Hoy en día sigo yendo al gimnasio, intento comer lo mejor posible. Sí, aún quiero ser delgada pero entiendo que son procesos. A veces me siento muy a gusto con mi cuerpo y ni siquiera cuando estuve más delgada logré sentirme así, siempre sentí que no era suficiente. En cambio, hoy sí hay días en que me siento suficiente, en que me encuentro linda, en que me gusta el tamaño de mi cuerpo. Mi cuerpo no es perfecto, en absoluto, pero es importante aceptarse y, desde ahí, trabajar. No considero que tenga algún trastorno alimenticio pero sí asumo que la comida es un gran tema para mí.

Hoy soy consciente sobre lo importante que es llevar una buena alimentación para nuestra salud física y mental. Espero poder ponerme bikini este verano porque no quiero seguir en guerra conmigo misma.

 

No es no
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