Testimonio

Sufrí acoso laboral

By 12 Diciembre, 2018 No Comments

Hola amigas,

Me aprovecho de este espacio para contarles mi experiencia.

El año pasado me cambié de trabajo y estaba súper feliz porque comenzaría un nuevo desafío. En mi primer día conocí a mis compañeros de trabajo, todos cordiales y felices con mi llegada, excepto uno. Un machito que se creía el “rey de la selva” y que veía en mí a una “presa fácil” para aplicar todo su repertorio de bromas y amenazas. Lamentablemente, desde el primer día sufrí el acoso laboral de este tipo: bromas pesadas, sonidos raros, risas y palabras por la espalda, tono amenazante al hablar, burlas e insultos si hacía algo mal (obviamente nunca de frente), y cero ayuda o colaboración en el trabajo.

Un día, este personaje decidió intervenir en una conversación sobre algo que no le pareció. Yo estaba sentada y él de pie. Con tono desafiante y burlón se puso sobre mí, mirándome siempre de forma despectiva ya que “él tenía la razón”. Al finalizar su intervención pateó mis piernas y se fue. Todo eso frente a compañeras y compañeros de trabajo. Ese día colapsé y exploté en llanto, no aguantaba más. Recién ahí mis jefes (presentes en la situación) se dieron cuenta que algo pasaba y decidí enfrentarlos por no intervenir y tolerar algo tan violento, algo tan fuera de toda razón y justificación.

Lo que más me dolió ese día fueron las respuestas de mis jefes, quienes nuevamente normalizaron la situación diciendo que yo “le estaba poniendo mucho”, “sólo eran bromas”, “él es así”, “estás muy sensible”. Quería correr. Quería gritarles en su cara las mierdas de personas que eran por normalizar todo e intentar culparme por lo que pasaba. Quería irme de ese lugar. Quería renunciar. Solo opté por advertirles que si la situación continuaba pondría una denuncia en la Inspección del Trabajo.

Desde ese día el acoso se detuvo pero, en su reemplazo, obtuve el rechazo de mis compañeros de trabajo. De una relación cordial, mis compañeros sólo comenzaron a dirigirse a mí cuando era extremadamente necesario y conversaban al lado mío sobre “lo exageradas que son algunas mujeres”. No sé cómo aguanté pero lo hice y mi trabajo siempre fue excelente.

De esta experiencia aprendí lo siguiente: es tan doloroso ver como en todo ámbito muchas personas consienten el maltrato bajo la excusa de la broma o simplemente apelando a que el maltratador “es así”. Muchos (y muchas) lo avalan riendo a carcajadas cuando alguien se burla del peso, de la ropa o de cualquier aspecto de otra persona. Es triste ver cómo te apuntan con el dedo cuando no toleras algo así y exiges respeto. ¡Eso no está bien! No lo aguantemos, levantemos la voz cuando alguien nos agreda. No es broma que alguien se ría de tu cuerpo, de tu casa, de tu familia. No seamos testigos pasivos cuando esto ocurra. No eres exagerada por pedir respeto, por no aguantar una broma, por no quedarte callada. No eres conflictiva por enfrentar a tu agresor. ¡No! Todos y todas merecemos el respeto de todos, donde sea y cuando sea.

 

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