Testimonio

Luchemos juntas

By 12 Diciembre, 2018 No Comments

Tengo 23 años y soy estudiante de Derecho, a meses de ser ‘egresada’.

Desde que tengo 15 años sufro de trastornos alimenticios. No me gusta encasillarme en uno en particular pues, con el avance de mi enfermedad, entendí que tienen un carácter multifacético. Comencé con un principio de anorexia a los 15 años. En realidad, fue una anorexia que no se trató muy bien: asistí a muchos doctores pero lo único que proponían era que tenía que comer más. Al sentirme desesperada, a los 16 años caí en la purga y desarrollé anorexia purgativa.

He tenido momentos en que mis trastornos alimenticios han tomado diversas formas. Algunas veces he pesado “¡me mejoré, ya me siento cómoda!” pero, luego, me he dado cuenta que es sólo una ilusión porque volvía a caer al primer percance. He tenido tantos doctores que ya no recuerdo el nombre de mi primer psiquiatra.

Es una enfermedad que mata el cuerpo y el alma. Sin embargo, me ha servido para crecer, para conocerme a mí misma. Hoy no puedo pagar un tratamiento completo ya que mi padre perdió todo y no tenemos los medios. Dejé los ansiolíticos y comencé a hacer cada día más racional, a valorar la vida. Tengo recaídas aún pero sigo adelante. Trato de mirar el futuro con amor y, gracias a mis seres queridos, doy pequeños pasitos.

Sé que se siente el no poder tranquila y el sentirte incómoda en una fiesta porque quieres ser como los demás y disfrutar. El padecer un trastorno alimenticio es una batalla dura pero tengo fe que se puede sanar. Quizás no es un cambio rápido pero hay que dar la pelea. Muchos días me levanto y digo “¡ya no puedo más, me duele el alma!”… pero sigo, intento alimentarme, hacer ejercicio, meditar, y contar mi historia. Estudio en una universidad muy superficial en donde las mujeres se preocupan mucho de su cuerpo. Puedo verlo y sentir como muchas sufren. Creo que contar mi historia puede ser un comienzo para que todas luchemos juntas.

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