Testimonio

Cuando el espejo y la pesa se vuelven tus enemigos

By 30 Noviembre, 2018 No Comments

Soy una mujer cis-género de dieciocho años con un tremendo trauma cuando de estética se habla.

Cuando tenía trece años comencé a tomarle el peso a la imagen corporal. Escuchaba las constantes quejas de mi madre sobre su propia apariencia; además de sus comentarios despectivos hacia otras mujeres (por gordas, flacas, planas, de piel suelta, velludas, etc). Desde ese entonces, comenzó a mirarme con algo más de crítica y, sin duda, empezó la peor etapa de mi vida en términos de autoestima.

Cuando entré a primero medio, ya podía notar que los más importante para una mujer era ser delgada y bonita, cosas que yo no era (o que, por lo menos, el espejo así lo indicaba). Los insultos de unas compañeras a otras rondaban por doquier y sentía angustia: por no ser linda, por escuchar a mis compañeras de curso llamarme “fea”, por escuchar a mi mamá llamándome “gorda”, por ver a las celebridades hermosas y no parecerme a ellas. Por ello, decidí hacer un cambio para así ser aceptada y amada: decidí dejar de comer. Pasé un año entero teniendo solamente una comida al día y vomitando todo lo que ingería “de más”, pesándome dos veces al día (y deprimiéndome si no bajaba entre una medición y otra), me castigándome y causándome dolor físico, y recordándome todo los días lo fea que era y lo necesaria que era mi pérdida de peso.

Los resultados fueron notorios para todos menos para mí: seguía siendo insuficiente frente al espejo, sentía una ansiedad terrible de notar lo fea que era. La obsesión por ser linda y flaca me llevó a perfilar mis cejas todos los días, a maquillarme como si fuera un ritual sagrado, y a usar más de un sostén a la vez ya que no tenía los pechos suficientemente grandes. Enfrentarme al espejo en soledad era una tortura: siempre terminaba llorando tras ver mis defectos y vomitando lo poco que comía en ese entonces. Estos cuadros graves de baja autoestima siguieron hasta casi salir de cuarto medio. Afortunadamente, había logrado regular mi alimentación un poco gracias al apoyo de amistades y a la psicóloga de mi liceo.

Sin embargo, hoy, sigo con miedo porque sé que no soy la única que ha pasado por esto y temo por las que vendrán. No quiero que nadie tenga miedo a pesarse o a mirarse al espejo como lo tengo yo, tampoco que estén chequeando en el espejo su peinado y maquillaje porque les produce ansiedad sentirse feas. Por favor, terminemos con esto. Estoy muy agradecida que La Rebelión del Cuerpo exista: gracias por enseñarnos que sí somos suficientes  y que los medios de comunicación nos oprimen y engañan. Gracias por buscar prevenir enfermedades mentales y desórdenes alimenticios. Gracias por enseñarnos a vivir sin miedo ni vergüenza de nosotras mismas.

De verdad, muchas gracias.

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