Testimonio

El monstruo que habita en mí (pero que no soy yo ni me controla)

By 19 Noviembre, 2018 No Comments

No recuerdo cuándo conocí la anorexia. Sólo recuerdo el largo proceso y los períodos de angustia que pasé antes que me la diagnosticaran.

Creo que todo comenzó cuando tenía 7 años. Pasaba por una etapa de soledad, tratando de agradarle a todo el mundo mientras sufría constantes agresiones por parte de mis compañeros de colegio. Luego, tras la separación de mis papás, la inseguridad fue creciendo en mí y, junto con la soledad, crearon en mí una coraza. Pretendía ser fuerte y así me mostraba. No sabía el daño que me estaba provocando.

A los 11 años, además de sentir rechazo comencé a sentirme gorda pese a que tenía un peso normal. Intentaba vomitar pero no resultaba. El tiempo pasó y lo seguí intentando. Mi peso se mantenía (nunca me pesé ni conté calorías) pero me obsesioné con la comida “saludable” así que me encerré, me aislé, y me refugié en mis estudios.

A medida que fui creciendo todo se fue volviendo más agudo. Hace poco todo explotó por un problema ajeno a mi trastorno alimenticio. Sin embargo, eso me permitió llegar donde especialistas que me dijeron: “tienes anorexia, si sigues así te puedes morir; tienes lanugo, tus pulsaciones están muy bajas”. Ahí el mundo se me vino abajo porque ya no podría controlar nada más y toda mi familia estaría encimo mío. La sensación de perder el control me derribó (pese a que no tenía el control de nada en ese momento). Me hice cortes, me induje el vómito… pero después paré.

Todavía es difícil. Estoy sola, no tengo amigas pero sí una familia maravillosamente fuerte, poderosa, y llena de amor. Sé que puedo superar la anorexia, con altos y bajos, claro, pero de los bajos estoy aprendiendo cada vez más. El peso no refleja nada, los kilos no importan, ¡no tienes que cambiar nada de ti! Mira al monstruo “anorexia” o “bulimia” y ponle un nombre tonto (“Bobby”, por ejemplo). Míralo y dile que nunca te va a manejar, que sabes que aparecerá en los momentos bajos pero que ya no sucumbirás ante él. Estás creciendo, no eres la misma de antes, y no estás sola: siempre habrá alguien dispuesto a escucharte. No dejes que el miedo te paralice ni te estanque. Busca ayuda porque vivir es algo que te mereces.

Más que para victimizarme escribí esto para mostrarme tal cual soy, con este trastorno. Llegar hasta lo más profundo y oscuro de ti, conocer tu raíz, te permite florecer. Mírate de frente, tú puedes. Yo creo en ti, de corazón.

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