Feminismo

Lo comido y lo bailado…

By 3 Septiembre, 2018 No Comments

 

Por Trinidad Bórquez para La Rebelión del Cuerpo

 

Se acerca el 18 de septiembre, lo vemos en todas partes. Además de pensar en toda la comida y terremotos por venir, no podemos evitar pensar, también, en los potenciales kilos “extra” tras los días de fiesta. Estas preocupaciones, sin embargo, parecen afectar principalmente a las mujeres, quienes somos sometidas día a día a la dictadura de la dieta y del cuerpo perfecto.

Desde niñas aprendemos que nuestro éxito en la vida se define por “cómo nos veamos”, y ese “cómo nos veamos” se traduce, muchas veces, en cuánto pesemos. Siempre se nos ha dicho que la gordura es algo malo y que tener rollitos es sinónimo de flojera, glotonería, o de un estilo de vida poco saludable. Estar gorda, hoy en día, es sinónimo de estar enferma. En contraposición, se nos enseña que para ser felices tenemos que estar flacas, sólo así seremos aceptadas, queridas y hasta admiradas. Lo que nadie nos ha dicho es que estar delgada no es de por sí un sinónimo de estar sana, así como tampoco nadie nos dice que el sinfín de métodos que nos venden para estar delgadas muchas veces atentan contra nuestra salud, tanto física como mental.

Nuestra preocupación por los “kilitos de más” y los “rollitos de más” nos encierra en un círculo vicioso que no nos deja disfrutar ni disfrutarnos. Pasado el 18 de septiembre y con la llegada de la primavera ese círculo vicioso se vuelve aún más omnipresente y omnipotente: “por un verano sin polera”, causa entre rabia y ganas de llorar, ¿no? El sólo pensar que empieza el calor, y con ello, la temporada de playa y de piscina, nos lleva a generar una serie de estrategias incómodas para tener “el cuerpo que deseamos”. Estas son las llamadas estrategias de control de peso corporal, las cuales van desde usar cierta ropa (como fajas) hasta hacer ejercicio y dietas (sin supervisión alguna, la mayoría de las veces), a consumir suplementos, laxantes, diuréticos (también, sin supervisión alguna)… hasta dejar de comer o comenzar a vomitar después de hacerlo. Sumado a esto, el bombardeo mediático previo al verano tampoco ayuda, encontrando desde matinales con “consejos milagrosos” y “consejos de abuelita”, hasta influencers posteando sobre el milagroso producto que les cambió la vida en una semana (entendiendo que ese cambio de vida se debe a la reducción de peso). Pero, ¿por qué pasa esto?

Todo lo anterior se relaciona con un fenómeno llamado gordofobia, la cual, según las psicólogas estadounidenses Maureen McHugh y Ashley Kasardo, es entendida como la tendencia generalizada de formular de juicios sobre otras personas a partir de un exceso de peso corporal. De esta manera, el peso corporal se vuelve una fuente de discriminación, la cual no es reconocida legítimamente como forma de opresión. Es así como, a diferencia de otras formas de prejuicio como el racismo, el sexismo o la homofobia, las actitudes negativas hacia la gordura suelen ser aceptadas, excusadas, e incluso racionalizadas y justificadas científicamente. Además de discriminados, los cuerpos gordos, también, son patologizados.

La psicoterapeuta Susie Orbach nos indica que esto es un problema de género en la medida que las mujeres de peso “normal” (más bien, peso sano) – e incluso las mujeres de bajo peso- son atravesadas por el miedo a subir de peso. De este modo, el supuesto “control de peso” se transforma en una forma de “control de género”.

Lo anterior e vuelve problemático cuando empezamos a indagar que la correlación entre el peso y las patologías asociadas al sobrepeso/obesidad no es algo que esté 100 por ciento comprobado (por ejemplo, altos niveles de colesterol, problemas cardiovasculares, entre otros). Algunos estudios[1] señalan que la correlación entre el Índice de Masa Corporal (IMC) y los problemas a la salud es de sólo un 9%, dejando con ello más de un 90% de relación no explicada. Sin ahondar más en este debate – y otorgando el beneficio a la duda – el punto que quiero que destacar es el siguiente: al ser patologizada, la gordura se vuelve una fuente de discriminación y estigma. Sin embargo, el exceso de peso es una condición, no es algo que defina las capacidades de una persona pese a que hoy sí limita sus oportunidades. La gordura NO es una enfermedad, lo que SÍ enferma es el rechazo, la discriminación y las burlas.

Se acerca el 18 y la primavera… en vez de preocuparnos de calorías y rollos, preocupémonos de descansar, de pasarlo bien, de disfrutar como queramos. A la larga, lo comido y lo bailado, no nos lo quitará nadie.

 

*Texto editado por Camila Mella.

 

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