Feminismo

En el día del padre… hablemos sobre igualdad de género

By 17 Junio, 2018 No Comments

Por Ángeles Moreno para La Rebelión del Cuerpo

Texto editado por Camila Mella

 

Cada año las celebraciones del día del padre se ven más inmersas “comercialmente” en nuestro imaginario colectivo; sin embargo, creo que deberíamos integrarlas al contexto sociocultural que hoy reflexiona en torno a la sociedad patriarcal, a las masculinidades, y a los estereotipos y roles de género. En este sentido, ¿cómo repercute nuestro concepto tradicional de paternidad en la noción de igualdad de género de los/as niños/as?

La familia es el primer círculo de socialización de una persona, y construimos nuestra identidad a partir del conjunto de comportamientos y actitudes que nuestros padres asumen dentro de la dinámica del hogar. De este modo, aprendemos en nuestro contexto familiar inmediato qué es bueno y malo, cuáles son nuestros valores, cuáles comportamientos son correctos e incorrectos, implicando que las conductas que veamos en nuestras relaciones familiares serán los cimientos de nuestras relaciones futuras.

La crianza, por tanto, tiene una importancia central en la igualdad de género. Por ello, es importante aportar y eliminar desde el hogar los roles de género exigidos en la crianza. Por un lado, cuando estos roles están insertos y naturalizados en las dinámicas familiares provocan que los/as niños/as los incorporen acríticamente. Estos roles, entonces, perjudican las libertades de la mujer, naturalizando el trabajo doméstico, la exclusividad del cuidado a cargo de la madre, o la dependencia económica de ésta. Por otro lado, naturalizar estas dinámicas también afecta la imagen de padre y los modelos de paternidad, perpetuando el estereotipo del “padre proveedor” y emocionalmente distante.

Un rol de género que debemos erradicar es el trabajo doméstico socialmente asignado a la mujer. Según el Informe del Estado Mundial de los Padres no hay país en el mundo donde los hombres y niños compartan las tareas domésticas y de cuidado en partes iguales con las mujeres y niñas. En nuestro país, la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo demostró que las mujeres usan 5,80 horas al día en trabajo no remunerado, 3,21 horas más que los hombres. Como consecuencia, las mujeres tienen menos tiempo disponible para realizar actividades sociales y de ocio, lo cual repercute directamente en sus niveles de satisfacción personal. Ante esta realidad, es importante que niños y niñas dejen de naturalizar la doble carga laboral de la mujer y considerar sus momentos de ocio como una rareza. Por el contrario, ver a una madre que no se posterga y disfruta de la vida combatirá el estereotipo de la madre abnegada que se posterga por la felicidad de otros o cuya felicidad es ser espectadora de la felicidad de otros. Del mismo modo, ayudará a combatir la diferenciación por género de las labores domésticas. En el hogar siguen habiendo labores socialmente feminizadas (i.e. el cuidado) y masculinizadas (i.e. las reparaciones); que sólo vienen a reforzar el estereotipo que los hombres “son fuerza y razón mientras que las mujeres “son amor y delicadeza”. Debemos entender que, en el hogar, todos debemos colaborar, independientemente de nuestro género.

Otro rol de género que debemos eliminar es la dependencia económica de la mujer, ya sea por dedicarse al trabajo doméstico (no remunerado) o por la actual brecha salarial (en el trabajo remunerado). Si bien la solución a estas inequidades no radica en el hogar, sí podemos aportar en democratizar el hogar: el poder económico – del jefe de hogar – no debe ser sinónimo de la responsabilidad de todas las decisiones. Tanto las decisiones como las responsabilidades deberían compartirse entre los progenitores. Dejar de considerar a la mujer como subalterna del hombre, o dependiente de él, contribuye a eliminar otro tipo de violencia contra la mujer que pocas veces se cuestiona: la violencia económica.

No podemos negar que hoy estamos ante actitudes más igualitarias y participativas en temas de igualdad de género. Sin embargo, si las mujeres han sabido ganarse su lugar en el espacio público, ¿cuándo los hombres ocuparán el suyo en el espacio doméstico? Si no hay una balanza entre ambos, ¿cómo lograr la verdad igualdad de género? Tomemos el ejemplo de la corresponsabilidad en los cuidados: El Informe del Estado Mundial de los Padres revela que incluso en los países a la cabeza de la igualdad de género, como los escandinavos, el tiempo que los hombres destinan a las labores de cuidado representa el 40% del que destinan las mujeres. En nuestro país, la última encuesta Adimark, reveló que si bien la mayoría de los padres considera que el apoyo escolar, la entrega de consejos, y el transporte de los niños son responsabilidades compartidas, un cuarto de ellos todavía piensa que cocinar y el cuidado de los niños enfermos son tareas exclusivas de la madre. En este sentido, vale la pena preguntarnos de nuevo: ¿cómo alcanzar la igualdad de género si los hombres, o algunos de ellos, se rehúsan (o temen) a participar en la vida doméstica? Reiteramos: el aporte viene de “ambos” lados y transita en “ambos” sentidos.

Siendo hoy un nuevo del día del padre en Chile, creemos que ésta es una gran oportunidad para posicionar y discutir temas como los anteriores. No estamos en contra los hombres ni de los padres, estamos con ellos, los necesitamos. Sabemos que los estereotipos de género causan gran daño en el desarrollo integral de niños y niñas, coartando sus potencialidades y condicionándolos intelectual, social, y vocacionalmente. Por suerte, las luchas feministas han levantado cuestionamientos en torno a las masculinidades y a las nuevas posibilidades de vivir la paternidad. “Ellos” son tan clave como “ellas” en la lucha – diaria y cotidiana – que implica alcanzar la igualdad de género. Que el día del padre sea una oportunidad para conversar sobre cómo transformar nuestras dinámicas familiares, cómo erradicar generalizaciones sexistas y lenguaje machista, y sobre cómo avanzar hacia relaciones de pareja simétricas y una parentalidad igualitaria.

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