Feminismo

Manual de preguntas y respuestas (II)

By 14 Junio, 2018 No Comments

Por Camila Mella para La Rebelión del Cuerpo

 

  1. Ya alcanzamos la igualdad. Las mujeres no necesitan del feminismo

Creo que este comentario se puede atacar desde dos puntos diferentes. Primero, ejemplos sobre respecto a cómo el género afecta la forma en que vivimos y nos vinculamos socialmente sobran. Algunos ya se mencionaron en la primera versión de este manual. Algunos otros, sólo por nombrar algunos, refieren a la brecha salarial (entendida como a recibir ingresos de manera diferencial, por el mismo trabajo y al mismo nivel de calificación, en virtud de su género, en donde Chile ocupa el cuarto lugar en el listado elaborado por la OECD respecto a las mayores diferencias), al costo diferencial en planes de salud (por concepto de “edad fértil”, en donde una mujer paga hasta un 179% más que un hombre de su misma edad), y al uso del tiempo (en donde las mujeres destinan el doble de horas que los hombres al trabajo domésticos, según cifras del INE). Segundo, la superación del feminismo es lo que, teóricamente, se conoce como post-feminismo. Sin embargo, lo que distintos/as investigadores sostienen, es que no existe una superación de las desigualdades “clásicas” en materia de género (ingresos, salud, uso del tiempo) sino que aparecen nuevos “campos de desigualdades”. Por ejemplo, se cambia el valor inherente de la mujer desde la maternidad a su cuerpo y apariencia física. Así, el cuerpo es visto como un recurso tanto para el mercado como para el empoderamiento femenino: por consiguiente, “invertimos” en él, ya sea por salud física y/o mental (seamos honestas: nadie puede escapar de la obsesión por la belleza). Los efectos políticos, claro, son decidores: con la creciente comercialización de la vida – desde los derechos sociales hasta nuestro cuerpo –aceptamos las desigualdades y las vemos como “dadas” “merecidas”, o “naturales”. Entonces, ¿cómo explicamos que el 91% de las mujeres encuestadas estén de acuerdo con la afirmación “la publicidad afecta la construcción de la identidad femenina?, ¿O que el 95% de quienes sufren trastornos de la conducta alimentaria son mujeres?

  1. Oye, históricamente, las mujeres jamás habían estado mejor. Además, es solo cuestión de tiempo que las cosas se “equiparen”. Mira cómo lo hicieron otros países desarrollados.

Es cierto que las mujeres hoy estamos en una situación más aventajada que nuestras antecesoras. Sí, podemos votar, acceder a cargos de representación popular, acceder al sistema de salud, trabajar remuneradamente, acceder al sistema educativo formal en cualquiera de sus niveles, fumar en la calle, usar minifaldas y escotes, salir solas (sin chaperones), comenzar nuestra vida sexual cuando lo estimemos conveniente (sin matrimonio mediante), regular nuestro ciclo reproductivo (gracias a distintos métodos anticonceptivos), abortar (en algunos países), hablar en público y escribir en medios de comunicación… y, así, la lista suma y sigue. Si bien, parafraseando a Julieta Kirkwood, hemos conquistado cierta democracia en la calle, ¿qué pasa en nuestras casas y en nuestras camas? Creo que la inclusión de las mujeres en el espacio público no es suficiente para señalar que nuestra situación es aventajada; al menos no, en la medida en que se democratice (o incluya, si se quiere) a los hombres en la vida doméstica y nos hagamos responsables de nuestra sexualidad. En la “casa”, aún las chilenas destinamos el doble del tiempo a las tareas domésticas que los hombres (por costumbre, no porque nuestro pares tengan “los dedos crespos” o “no sepan cómo hacer las cosas”). En la “cama”, el desconocimiento de nuestro propio cuerpo (en donde el 50% de “nosotras” declara no conocer sus genitales) y la persistente inequidad en la responsabilidad de la salud sexual y reproductiva deja mucho que desear. Por ejemplo: ¿Sabías que, según cifras del MINSAL y con datos provenientes de atenciones en servicios públicos, la mayoría de los condones son solicitados por las mujeres y sólo un 19% por los hombres, cifra que representa un 0,6% del total de anticonceptivos entregados?, ¿Sabías de la feminización del VIH/SIDA en Chile: es decir, que la brecha entre hombres y mujeres con VIH/SIDA se ha acortado de 28,4 a 3,5 entre 1990 y 2000, debido a que una parte importante del aumento de casos en mujeres se debe a contagios a través de sus parejas (esposos, pololos, y convivientes)?

Ahora, el avance hacia la igualdad de derechos no es un proceso lineal y libre de bifurcaciones y curvas. Ya que nos gusta pensar que somos “los ingleses de América Latina”, comparémonos con Inglaterra (aunque, teóricamente, dicha comparación no tiene mucho asidero). Citando a Laura Bates en “Misogynation: The True Scale of Sexism” (Misoginiación: La verdadera escala del sexismo, 2018): “En Inglaterra y Gales, en promedio, dos mujeres son asesinadas por su pareja o ex pareja a la semana. Si consideramos el total de mujeres asesinadas entre el 2011 y 2012, el 51% de ellas fueron muertas por sus parejas o ex parejas, según la Oficina de Estadísticas Nacionales (…). Existe evidencia que un 90% de probabilidades que la víctima ya conozca a su violador. Pese a que, estadísticamente, se ha demostrado que 1 de cada 4 mujeres ha sido o será víctima de violencia doméstica. Unir estos puntos importa porque sólo ahí podemos ver el problema en su totalidad, y sus matices y su complejidad. Todos los días, de acuerdo a charity Refuge, casi treinta mujeres intentan suicidarse como un resultado directo de vivir violencia doméstica. Cada semana, tres de ellas mueren”. ¿Cómo estamos por “casa”? Según estadísticas del Servicio Médico Legal de 2015, del total de agresiones sexuales reportadas en el país, sólo en el 17% el victimario era un desconocido por parte de la víctima, el 40,6% correspondió a un familiar, y el 26,1% a un conocido no familiar. En este sentido, parece que desarrollo “económico” no se condice con igualdad de género.

  1. Creo en la igualdad entre hombres y mujeres pero no soy feminista

Esta aseveración no tiene sentido. Incluso, si le preguntamos a Wikipedia (algo más actualizada y confiable que la Real Academia Española de la Lengua) encontramos el siguiente resultado: “el feminismo es un conjunto heterogéneo de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales que tiene por objetivo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y eliminar la violencia de los varones sobre las mujeres y los roles sociales según género”. No, el feminismo no es defender que “las mujeres somos mejores que los hombres”, “los hombres son todos malos”, “no somos un grupo de mujeres que se victimizan a sí mismas”, “un grupo de mujeres intolerantes que busca acabar con los hombres”. No somos hembristas ni feminazis.

  1. No te pongas grave, ¡fue sólo un chiste!

Chiste 1: “Cuando una dama dice que ‘no’ quiere decir ‘tal vez’, cuando dice ‘tal vez’ quiere decir que ‘sí’, cuando dice que ‘sí’ no es dama”. Chiste 2: “cuando las mujeres se hacen las muertas, nosotros nos tiramos encima”. Chiste 3: preguntar a Tomás González: “¿Qué tiene más: medallas o pololas? Seguido por “¿Y qué preferiría tener más?” – desconociendo que las mujeres no somos objetos (que den estatus de “campeón”). Todas estas bromas han sido catalogadas como “salidas de libreto” o “una piñericosa más” de nuestro actual Presidente de la República pero ¿son realmente esto? Generan risas en algunos sectores de la población, sí, es cierto ¿Pero qué hay detrás de esto?

El humor puede ser agresivo y manipulador. El humor sexista, como en este caso, permite a los individuos diferenciarse de otros grupos enfatizando las diferencias y refugiarse en la idea que se trata “sólo de un chiste”. Para Henri Bergson, “un chiste hace reír” cuando cumple con: (1) remite a una experiencia personal o actitud social compartida; (2) responde a situaciones a las que somos insensibles e indiferentes a la víctima del chiste (3) en un contexto social específico. De esta manera, y en palabras de Pierre Bourdieu, el humor sirve al habitus establecido por el poder: es decir, reproduce esquemas mentales establecidos por la cultura hegemónica.

¿Podemos decir, entonces, que las afirmaciones anteriores son sólo “salidas de libreto”? No, menos cuando refieren a los grupos que sufren violencia estructura. Por ello, que nos acusen de “exageradas”… pero rompamos la cadena y tomemos conciencia de las consecuencias de ser cómplices del humor sexista “porque la palabra cuando no da vida, mata”. Literalmente.

  1. El abuso sexual es culpa de las mujeres: ellas no están satisfaciendo “sexualmente” a sus hombres.

¿No les sangran los ojos al sólo leer esto? A mí, sí. Y más aun sabiendo que una “colega socióloga” ha defendido este argumento. Se trata de Catherine Hakim (doctora en sociología de la Universidad de Cambridge, conocida por su libro “Capital erótico: el poder de fascinar a los demás”), quien señaló en The Daily Mail que: “hombres decentes cuyas esposas los privan de sexo son infieles porque están obligados a buscar satisfacer sus necesidades en otro lugar o con alguien más (…). Esto trae consecuencias negativas en nuestra sociedad, potencialmente destruyendo familias y potenciando episodios de abuso y violencia”. ¿Lo dice en serio, colega?- pienso – y continúo leyendo: “estos hombres hambrientos y frustrados son más proclives a consumir prostitución, a ver pornografía, e, incluso, a acosar a otras mujeres”.

La hemorragia ocular es insuperable. Sin embargo, sólo me gustaría plantear algunas preguntas: ¿Dónde están el juicio y la responsabilidad de las opciones que estos hombres “hambrientos”?, ¿Acaso no todas las personas tenemos discernimiento y poder decisión?, ¿Cómo es posible igualar la violación – con su inherente práctica de control y poder – a la simple atracción sexual?, ¿Qué pasa con los hombres que violan siendo solteros o sin pareja?, ¿Cómo se explica que más del 75% de los abusos sexuales sean perpetrados por hombres que conocían a su víctima antes del hecho (siendo incluso familiares, por ejemplo)?, ¿Dónde queda la libertad y el derecho que tienen las mujeres de vivir su propia sexualidad?, ¿Cómo es posible esperar el respeto, la empatía, o la fidelidad de un hombre sin esperar que esto sea parte de un “soborno sexual”?

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