Feminismo

¿Cómo criar a un hijo feminista?

By 6 Junio, 2018 No Comments

Por Claire Cain Miller para The New York Times

Traducción y adaptación por Camila Mella para La Rebelión del Cuerpo

Las mujeres estamos en el centro de la opinión pública. Constantemente igualamos los conceptos de “feminismo” con “mujeres”, borrando a niños y hombres del mapa. En este sentido, por ejemplo, criamos a nuestras hijas para combatir estereotipos y perseguir sus sueños, pero ¿hacemos lo mismo con nuestros hijos? Pese a que les hemos dado a las niñas más opciones para los roles que juegan y la diversificamos la gama de modelos a imitar, los niños siguen confinados al estereotipo masculino: se les desalienta a tener intereses considerados “femeninos”, se les dice que deben ser “duros” a toda costa, que sean violentos para agotar su llamada “energía de niño”.

Si queremos una sociedad justa e igualitaria, en la que todos/as podamos prosperar, debemos brindarles más opciones a los niños. Como dice Gloria Steinem: “me alegra que hayamos comenzado a criar a nuestras hijas más como a nuestros hijos, pero nunca funcionará hasta que criemos a nuestros hijos más como nuestras hijas”. Esto se debe a que los roles femeninos (o “para mujeres”) no pueden expandirse – ni tampoco destruirse –si los roles masculinos (o “para hombres”) no se expanden, también. No se trata sólo de mujeres. Y no lo decimos sólo por nuestro bienestar, sino que también por el de ellos: los hombres (no todos, pero muchos) se están quedando atrás en lo que respecta a relaciones humanas (amistad, empatía, apego, relaciones de pareja, etc), limitándose a sí mismos a su rol de “proveedores” (o al modelo de breadwinner, en inglés).

Claire Cain Miller, en su artículo para el New York Times, pidió a neurocientíficos, economistas, psicólogos, y a otros profesionales que respondieran a la pregunta: ¿Cómo criar a un hijo feminista? Por “feminista”, la autora definió simplemente como alguien que cree en la igualdad plena entre hombres y mujeres. Sin embargo, sus consejos aplican completamente para cualquiera que quiera criar niños que sean amables, seguros, y libres para perseguir sus sueños.

  1. Déjalo llorar

Investigaciones demuestran que niños y niñas lloran la misma cantidad cuando son bebés y niños pequeños. “Es alrededor de los 5 años de edad cuando los niños reciben el mensaje que la ira es aceptable mientras que mostrar sentimientos ligados a la vulnerabilidad es inaceptable” – sostiene Tony Porter, cofundador de A Call to Men – agregando que “a nuestras hijas se les suele permitir ser seres humanos y a nuestros hijos se les enseña a actuar como robots”.  Por eso, enséñale a tu hijo que hay una gama completa de emociones para detenerse y decir “estoy enojado”, “tengo miedo”, “me duele”, o “necesito ayuda”.

  1. Dale modelos a seguir

Distintas investigaciones demuestran que los niños pequeños son particularmente receptivos a pasar tiempo con modelos a seguir, incluso más que las niñas de su misma edad. Existe evidencia reciente que muestra que niños criados en hogares sin una figura paterna tienen peores resultados conductuales, académicos, y en el mercado del trabajo. Para los economistas David Autor y Melanie Wasserman, la razón sería que los niños crecen viendo que los hombres no asumen responsabilidades en la vida. Por ello, pon a hombres buenos en la vida de tu hijo, a la vez que dales modelos femeninos fuertes, también. Háblale sobre los logros de las mujeres que conoce y de mujeres conocidas en áreas tan distintas como los deportes y la política.

  1. Déjalo ser él mismo

Pese a que los roles de género en adultos se han ido fusionando, los productos para niños se han dividido más por género que hace 50 años atrás: princesas rosas y camiones azules no sólo en el pasillo de los juguetes, sino que también en tazas, zapatos, y cepillos de dientes. No es de extrañar, entonces, que los intereses de niños y niñas terminen alienándose de esa manera. Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que niños y niñas no nacen con esas diferencias. De hecho, históricamente, tampoco ha sido siempre así: hasta mediados del siglo XX, el rosado era el color masculino mientras que el azul era el femenino. La diferencia entre “gustos” emerge al mismo tiempo que niños y niñas toman conciencia de género: alrededor de los 2 o 3 años de edad, momento en el cual, también, las expectativas sociales pueden anular intereses innatos. Estudios longitudinales sugieren que la segregación de juguetes tiene efectos a largo plazo sobre las brechas de género en lo académico, laboral, en las habilidades sociales y espaciales, según Campbell Leaper, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Santa Cruz.

Para que niños y niñas alcancen su máximo potencial deben seguir sus intereses, sean tradicionales o no. Déjalo ser él mismo. La idea es no asumir que todos los niños quieren hacer las mismas cosas, sino asegurarse que sus opciones no sean limitadas. Ofréceles actividades abiertas (como jugar con plasticina o dibujar), aliéntalo a probar distintas actividades (como disfrazarse o tomar clases de arte) aunque no los busque activamente. Incentívalo a explorar. Aliéntalo a jugar con casas de muñecas o a cocinar porque, también, esto podría mejorar el estado de las niñas. Investigaciones demuestran que la razón por la cual los padres alientan a sus hijas a jugar fútbol o a convertirse en científicas pero por la que no alientan a sus hijos a tomar clases de ballet y a convertirse en enfermeros es porque “lo femenino” siempre equivale a un “estatus más bajo”.

  1. Enséñale a cuidar de sí mismo

“Algunas madres crían a sus hijas pero aman a su hijos” – dijo Jawanza Kunjufu, conferencista que ha trabajado sobre educación en contextos afroamericanos. Las madres, muchas veces, hacen que sus hijas estudien, hagan las tareas, cooperen en el hogar, pero no piden lo mismo a los niños. La diferencia aparece en los datos: las niñas estadounidenses de 10 a 17 años pasan dos horas más en tareas domésticas cada semana que los niños, mientras que los niños tienen un 15 por ciento más de probabilidades que se les pague por las tareas domésticas, demostró un estudio de la Universidad de Michigan. Para el caso chileno, simplemente, no existen los datos. Por ello, enséñale a tu hijo a cuidar de sí mismo y de su entorno: “enséñales a tus hijos a cocinar, a limpiar, a ser competente en el hogar, ya que esperamos que nuestras hijas estén en la oficina” – sostuvo Anne-Marie Slaughter, presidenta ejecutiva de New America.

  1. Enséñale a cuidar a otros

Las mujeres todavía realizan la mayor parte de las labores de cuidado (de niños pequeños y personas mayores) y las tareas domésticas, incluso cuando ambos padres trabajan a tiempo completo. Para el caso de Chile, las cifras de la primera Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas) así lo indican: en un día normal, las mujeres destinan en promedio a nivel nacional 5,89 horas al trabajo doméstico (no remunerado), mientras que los hombres destinan 2,74 horas. Por ello, nunca hables de las tareas domésticas como labores de “menor valor” y enséñale el valor de cuidar a sus padres, parientes, y seres queridos. Solicita su ayuda para hacer una sopa para un amigo enfermo o visitar a un pariente en el hospital. Dale responsabilidades acorde a su edad, como cuidar a su mascota o a sus hermanos menores. Anímalos a entrenar que a través del cuidado también se ama.

  1. Comparte el trabajo

Cuando sea posible, resiste los roles de género en las tareas domésticas y en el cuidado infantil entre los padres. “Las acciones hablan más que las palabras” – señaló Dan Clawson, sociólogo de la Universidad de Massachussets. Si colega Kathleen McGinn, profesora de Harvard Business School, señaló que “los hombres que fueron criados por madres empleadas son significativamente más igualitarios en sus actitudes de género, que sus pares que crecieron con madres dueñas de casa”. Sin generalizar resultados, lo importante es que le enseñes a tu hijo que el trabajo doméstico es tarea de todos los integrantes del hogar, y no sólo de la madre, la abuela, o las hermanas.

  1. Fomenta la amistad con niñas

Una investigación realizada por la Universidad Federal de Arizona descubrió que es al terminar el preescolar cuando niños y niñas comienzan a segregarse por sexo, lo que refuerza los estereotipos de género. Sin embargo, niños que son alentados a jugar con niñas (y viceversa) aprenden a comunicarse mejor y a ser más asertivos en resolver conflictos. Mientras más obviamente se usa el género para categorizar grupos o actividades, es más probable que se refuercen estereotipos de género. Por eso, organiza fiestas de cumpleaños y equipos deportivos mixtos para que niños y niñas no crean que es aceptable excluir a un grupo sobre la base de su sexo. En efecto, Tony Porter, de A Call to Men, sostiene que niños que tienen amistad con niñas son menos propensos a pensar en las mujeres como conquistas sexuales y tienen a desarrollar actitudes más empáticas y relaciones más estables.

  1. Enséñale que “no es no”

Enséñale sobre el respeto y el consentimiento, tanto respecto a sí mismos como en relaciones con los demás. Enséñales el poder de la palabra “no”: enséñale que siempre deben preguntar antes de tocar el cuerpo de los demás y enséñale que tú también entiendes el poder el “no” cuando él te manifiesta que no quiere más cosquillas o demostrar afecto a un adulto.

  1. Saca la voz cuando otros sean intolerantes y machistas

Saca la voz cuando veas situaciones de burla u hostigamiento. Enséñale a tu hijo a intervenir directa y asertivamente cuando vean situaciones similares. Apelar a “son niños” o “no saben lo que hacen” no es excusa para tolerar comportamientos irrespetuosos, ofensivos, intolerantes, y machistas.

  1. Nunca uses “niña” como insulto

Jamás digas ni dejes que no hijo diga que algo es “de niña” como un insulto. Menos aún toleres el uso de otros términos (sinónimos) más ofensivos u otro tipo de chistes sexistas. Emily Kane, socióloga de Bates College (Estados Unidos), ha demostrado que los padres imponen roles de género tradicionales a los hijos varones, principalmente, porque temen que se burlen de ellos. Todos podemos ayudar en este sentido, evitando juicios y suposiciones cotidianas de lo que se supone que un niño o una niña disfrutarían en función de su género.

  1. Léele mucho, incluyendo historias sobre niñas y mujeres

Probablemente hayas escuchado que los niños se destacan en matemáticas y ciencias; mientras que las niñas, en lenguaje y lectura. Los estereotipos son riesgosos, precisamente, porque pueden convertirse en “profecías auto-cumplidas” que (re)producen las desigualdades de género a nivel doméstico y social. Por ello, asegúrate de hablarle, leerle, y comentarle de una gran variedad de personas e historias que rompan con los roles de género: no sólo sobre niños que salvan el mundo y de niñas que necesitan ser salvadas. Si decides leerle o contarle historias que se fijen en estereotipos de género (aceptémoslo: difícil es escapar de la mercadotecnia de Disney), habla con él al respecto. ¿Por qué crees que la princesa tenía que esperar que el príncipe la rescatara?, ¿Por qué crees que la mamá en el cuento siempre usa bata y está en la casa, mientras que su papá sale a trabajar todas las mañanas? Estas preguntas deberían comenzar alrededor de los 3 años, cuando realmente niños y niñas notan e interiorizan los estereotipos de género. Si no los ayudas a etiquetar estas narrativas como “estereotipos”, niños y niñas asumirán que el mundo ES así.

  1. Celebra su niñez

Criar a un niño como feminista no se trata sólo de decirle lo que no deben hacer, o de borrar por completo las diferencias de género. Por ejemplo, todos los mamíferos machos participan en juegos bruscos. Así que si ruge, bromea, mira deportes, trepa árboles, se ensucia, está bien. Enséñale a tu hijo a mostrar tanto fortaleza física como la fuerza para reconocer y expresas sus emociones. Enséñale a cuidar de sí mismo y de su familia, como de sus amigos y seres queridos. Bríndale la confianza necesaria para ser niño, para perseguir lo que sea que le apasione, y la valentía suficiente para equivocarse y combatir la intolerancia.

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