Feminismo

Hipersexualización de las niñas: un daño permanente naturalizado por todos

Por Ángeles Moreno para La Rebelión del Cuerpo 

En todas las escuelas de comunicación y de negocios del mundo, se enseña que la memoria visual es el arma más poderosa del marketing. Según la neurociencia, la percepción visual estimula la mayor cantidad de nuestra actividad neuronal, ya que aproximadamente el 90% de la información que recibe nuestro cerebro es de esta categoría. También, es sabido que el método de la repetición y saturación, por muy burdo que parezca, es una de las herramientas publicitarias más efectivas para inducir un mensaje en la memoria subconsciente del público que se desea persuadir.

Y si hablamos de repetir un mensaje 24/7, el ideal de belleza física de la mujer debe ser el caso más indiscutible. El innegable bombardeo de contenidos que comunican el estereotipo corporal y conductual femenino provoca que, desde muy niñas, asumamos este imaginario como la apariencia natural a conseguir, sin importar lo desproporcionada y digitalmente manipulada que esté.

Durante el año 2001, el Ministerio de Educación del Reino Unido encargó la redacción del Informe Bailey, con el objetivo de investigar a fondo la hipersexualización de la infancia en este país, el concepto se definió como “la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces.” El documento alerta sobre la increíble cantidad de imágenes sexuales que rodean a los menores de edad, y advierte que la población más afectada por este fenómeno son las niñas, al asignárseles el rol de mujer-objeto cada vez a edad más temprana, aprehendiendo estereotipos que no corresponden a su etapa.

Recién en el año 2007, la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó un reporte sobre la sexualización de las niñas y sus diferentes fuentes de emisión, tales como la publicidad, la moda, los juguetes, los videojuegos, y la televisión, entre otros. Este estudio reveló que todos estos flancos transmiten mensajes que relacionan directamente el éxito de la mujer con sus atributos físicos y anulan el valor de cualquier otra cualidad personal o profesional, influenciando con fuerza a niñas desde los 4 años de edad (sí, desde los 4 años de edad).

Para introducirnos al tema de la hipersexualización, primero debemos diferenciarla del normal desarrollo de la sexualidad en la infancia. Esta última se refiere a los procesos relacionados a la exploración del propio cuerpo, la definición de su identidad de género, la experimentación con los típicos juegos de roles, etc. Pero la sexualidad en la infancia no es erótica a no ser que sea contaminada por estímulos emitidos por adultos.

En general, el marketing y la publicidad dirigidas hacia las niñas transmite la idea que la mujer se valida socialmente por su aspecto físico y que, en consecuencia, tiene el deber de ser bella, deseable, y complaciente con el resto. Los colosos del marketing lo saben muy bien, y aprovechan la impaciencia inculcada en las pequeñas por lucir más grandes para crear productos y servicios dirigidos hacia ellas.  Así, la oferta disponible en el mercado bajo el apellido “para niñas” no es más que productos destinados a mejorar la imagen corporal. Este hostigamiento multimedial les induce la necesidad imperiosa de comenzar – desde temprana edad – a depilarse, tener un cuerpo curvilíneo, usar sostén, y a tener historias románticas o sexuales con chicos, contribuyendo a una erotización paulatina desde la niñez.

Según las diferentes indagaciones sobre este fenómeno, algunas de las fuentes más comunes de hipersexualización son:

Caricaturas y videojuegos: una gran cantidad de dibujos animados infantiles, juegos de consola y de computador, representan gráficamente a las niñas con cuerpos de mujer, exaltando grotescamente pechos, cintura y caderas, y vistiéndolas con ropa ridículamente pequeña. No es de extrañarse que las superheroínas, a diferencia de los superhéroes, casi no cuentan con trajes con protecciones, armazón o exoesqueletos, sino con faldas, trajes de látex, y tacones.

Películas y televisión: las actrices que interpretan personajes escolares lucen ropa, maquillaje y peinado de pasarela todos los “días de clase”. En muchos filmes, los personajes de adolescentes de 16 son representados por actrices de 26, con una silueta muy alejada del desarrollo de una estudiante de enseñanza media. Además, los personajes femeninos suelen ser fuertemente estereotipados. Las chicas populares y exitosas lucen sagradamente como el estereotipo de belleza actual, mientras que los personajes de niñas responsables e inteligentes son caricaturizadas como poco atractivas, inseguras, aburridas, e incluso cobardes.

Juguetes: en esta lista caben todos los juguetes que inducen la necesidad de “mejorar” su apariencia física. Además podemos identificar una gran cantidad de muñecas con total desproporción en sus medidas anatómicas, y la exaltación de características “sensuales”, como lo son las Barbie, Bratz o Monster High, generando expectativas de un cuerpo adulto irreal.

Moda: mientras que en la sección bebé e infantil la mayoría de las prendas tienen estampados conceptos asociados exclusivamente a la apariencia y conducta, como pretty, diva, princess, o cute, en la sección preadolescente femenina aparecen rápidamente los cortes ceñidos y escotados. En esta clasificación caben también los disfraces erotizadores, ya que las diferencias entre lo que connota el traje de enfermero versus el de enfermera comienza desde las tallas más pequeñas.

Crianza: tal vez este punto sea el más sensible, y es que consciente o inconscientemente, muchas veces es la propia familia la que inculca inseguridades, códigos de conducta, y el consumo de productos sexualizadores. Esto sucede al vestir a las niñas al estilo de una mujer adulta o someterlas a dietas para adelgazar con fines estéticos, en lugar de estar disfrutando experiencias de aprendizaje más edificantes. Igualmente afecta el escuchar a los adultos hacer juicios de valor respecto a mujeres sobre la base de su apariencia y conducta.

Uno de los casos más extremos de hipersexualización infantil es el del famoso y controvertido programa de televisión Toddlers and Tiaras (cuya traducción sería algo como “Niñas Pequeñas y Coronas”), donde se muestran niñas (e incluso algunos bebés) que, impulsadas por sus padres, cumplen con un riguroso entrenamiento en el que son sometidas a dietas, sesiones de bronceado, depilación, clases de modelaje con tacones, uso de pelucas, maquillaje, pestañas, uñas y hasta dientes postizos, para luego competir con otras niñas (u otros padres) en diferentes certámenes de belleza infantil a lo largo de Estados Unidos. ¿La finalidad? Acumular coronas, pero también ganar atractivos premios monetarios.

Sí, al leerlo no podemos creer que estas familias le posterguen a sus hijas las experiencias propias de la niñez, pero la preocupante realidad es que el programa fue un verdadero éxito televisivo que estuvo al aire por unos 5 años consecutivos a través de TLC, popular canal de paga de alcance mundial. Esto deja en evidencia que la sociedad normaliza y sólo encuentra entretención en un contenido que muestra explícitamente a niñas bajo un dañino estilo de vida que las priva de procesos fundamentales de la infancia, como el forjamiento de una autoestima consistente basada en sus capacidades, valores, cualidades personales, autenticidad e inquietudes.

El persistente recibimiento de mensajes sexualizadores provoca la aceleración del paso de la infancia de manera cada vez más rauda. Esta abrupta transición a la adultez genera una serie de consecuencias negativas, como la iniciación sexual precoz, trastornos del estado de ánimo, y relaciones obsesivas en torno a la apariencia física. Según la APA, la sexualización de las niñas está directamente relacionada con el diagnóstico de depresión y de trastornos de la conducta alimentaria. Sobre estos últimos se estima que, a nivel global, el porcentaje de casos presentados antes de los 10 años de edad ha ido en alza. En España, desde el año 2007 al 2015, las menores de edad tratadas por trastornos alimenticios aumentaron un 31%. En Francia, el 37% de las niñas asegura estar a dieta.

Pero este fenómeno no afecta sólo una etapa del desarrollo, sino que repercute irreparablemente en la adultez. La infancia hipersexualizada es el antecedente directo de mujeres adultas que han naturalizado el estereotipo de belleza, desarrollando sus vidas en torno al objetivo de lucir como la sociedad antojadizamente lo dicta. Esto se traduce en autoestimas bajas y frágiles, personalidades vulnerables, proclives a compararse continuamente y a tener conductas obsesivas en torno a la alimentación.

¿Cómo es posible que la sociedad sea tan inconsciente de la sexualización de las niñas? Pareciera que si bien la mujer es juzgada continuamente por sus actitudes eróticas en la adultez, a nadie le incomoda que entre los roles de género que se le imponen a las niñas desde la primera infancia, el rol de objeto sexual y decorativo sea uno de los más arraigados. Este nivel de doble moral demuestra la naturalización generalizada del erotismo prematuro.

Por esto, es de suma importancia la existencia de un filtro por parte de los adultos en el consumo de ropa, juguetes, y aparatos tecnológicos, así como también en el acceso al contenido de televisión, internet y redes sociales. Estas medidas, sumadas al incentivo del desarrollo de una autoestima sólida, logra el desarrollo de niñas más seguras de sí mismas y menos vulnerables al escrutinio público. La construcción de la identidad que exalte sus virtudes (más allá de su apariencia física) y el estímulo del pensamiento crítico son, en nuestra opinión, las herramientas para iniciar la rebelión: una rebelión que nos permita cuestionar las exigencias que la sociedad nos impone.

 

** Texto editado por Camila Mella

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