Feminismo

¿Pueden los juguetes que responden a estereotipos de género afectar el desarrollo infantil?

By 22 Diciembre, 2017 No Comments

Por Camila Mella para La Rebelión del Cuerpo

 

Para los adultos, jugar es un descanso, un paréntesis de la vida. No obstante, para niñas y niños jugar es la vida misma. Es por ello que los juguetes juegan un rol fundamental en su desarrollo pues son sus primeras herramientas de aprendizaje, el cual, por supuesto, incluye los estereotipos de género. Es innegable que durante las últimas décadas hemos presenciado avances notables hacia la igualdad de género; sin embargo, los juguetes – en especial, su comercialización – parecen ir en dirección contraria: todos los años las grandes tiendas decoran sus pasillos de implacable rosado y celeste. Por ello, cabe preguntarse: ¿pueden los juguetes que responden a estereotipos de género afectar el desarrollo infantil?

La evidencia científica sostiene que sí afecta el desarrollo infantil. El refuerzo de roles de género a través del juego tiene implicaciones tanto a nivel cognitivo como social. Ahora bien, para comprender cómo se producen estos efectos es necesario precisar la lógica tras la industria del juguete.

En primer lugar, la distinción entre “juguetes para niños” y “juguetes para niñas” no es antojadiza. Por el contrario, es una estrategia de marketing relativamente reciente. En efecto, en cuanto estrategia de comercialización, la segmentación por género ha demostrado ser altamente efectiva y rentable. Por un lado, es efectiva en el sentido que niñas y niños son capaces de distinguir e interiorizar a través del juego cómo encajar en los espacios que habitan (en la familia, en la escuela, en el grupo de amigas/os, etc). Diversas investigaciones han mostrado que niñas y niños son rápidos para absorber normas y expectativas – especialmente entre los dos y cinco años de edad – siendo sus juguetes uno de los medios principales que los alienta o les desaconseja desarrollar cierto tipo de comportamientos. Por otro lado, es también una rentable estrategia de negocios, establecida sólo a partir de las décadas de 1980 y 1990. Consideremos, por ejemplo, el caso de Disney. Luego de una larga historia de producir películas animadas definidas como “entretenciones familiares”, es sólo a partir del estreno de La Sirenita (en 1989) que la compañía cambia notoriamente su estrategia de marketing luego de ver la influencia que la Princesa Ariel tuvo en las niñas. Desde ahí, la segmentación del mercado infantil sólo ha persistido en la industria del entretenimiento sino que ha continuado expandiéndose hacia otras industrias (ropa, calzado, decoración, etc.) y hacia las primerísimas etapas del desarrollo infantil.

Este hecho no es azaroso si lo analizamos en relación al contexto histórico en que se produjo este cambio. No es antojadizo que la segmentación por género del mercado infantil haya estado a la par del desarrollo de la tecnología neonatal: a medida que las ecografías mejoraron su precisión y se transformaron en procedimientos médicos de rutina – permitiendo a los padres conocer el sexo de sus hijas/os antes del nacimiento -fue posible la más temprana instauración del rosado y del celeste. De este modo, si una pareja tiene hijos de distintos sexos se verá en “la obligación” de comprar todo “por dos”, en su versión rosada y celeste, respectivamente (¿siendo un negocio redondo para las jugueterías, no?). No es antojadizo tampoco, como sostiene la socióloga Elizabeth Sweet, que la comercialización de ‘juguetes para niños’ y ‘juguetes para niñas’ comenzara recién en la década de 1980 como una reacción contra el avance del feminismo. Al respecto, Antonia Ayres Brown plantea la hipótesis que cada vez que hay muchos cambios culturales hacia una dirección – por ejemplo, hacia la equidad de género (en un contexto en que las mujeres superan a los hombres en rendimiento y logro educativo en la mayoría de los países occidentales) –se produce una contra-reacción violenta en el sentido opuesto. Así, si en los últimos años las mujeres se han convertido en una parte importante del mercado laboral es de esperar que los ‘juguetes de niñas’ refuercen valores contrarios, esto es, el rol de madre, de princesa, o de estrella pop. De este modo, a lo que niñas y niños se enfrentan (e interiorizan) corresponden a las ideas adultas de lo que significa “ser niña” o “ser niño”,  las cuales no son más que una exageración de la femineidad y masculinidad.

¿Cómo lo anterior afecta el desarrollo infantil? A nivel interpersonal, ya revisamos que la segmentación fomenta la interiorización de los roles de género a pesar que no exista una elaboración conceptual al respecto. A nivel cognitivo, la segmentación lleva a niñas y niños a desarrollar distintas habilidades y, por ende, influye en la forma en que sus cerebros se desarrollan físicamente. Distintas investigaciones han demostrado que los intereses, ambiciones, y habilidades de niñas y niños son modelados por los mensajes que reciben desde los medios de comunicación y de los juguetes con que juegan, y cuyo efecto puede rastrearse hasta en la carrera o el trabajo que elijan a futuro (o, incluso, modelando en hasta lo que piensan en elegir, delimitando lo que se considera “realizable” para sus condiciones de vida). Un estudio en 2015, además, descubrió que los niños son más proclives a jugar con juguetes que desarrollan inteligencia espacial mientras que las niñas son más propensas a jugar con juguetes que desarrollan su inteligencia emocional. Por consiguiente, las experiencias tempranas de juego pueden afectar no sólo el desarrollo y opciones de vida de niñas y niños, sino que sus consecuencias van más allá afectando la composición del mercado laboral y la fortaleza económica del país en las próximas décadas.

¿Es posible hacer algo al respecto? Es difícil para los padres ignorar el marketing y conseguir juguetes o vestuarios para sus hijas/os destinados “al otro género”. En efecto, mientras algunos padres intentan  ampliar la gama de juguetes a los que sus hijas/os están expuestas/os, a menudo existe un costo social para las/os niñas/os que cruzan los límites de género. Sin embargo, las opciones de juguetes debiesen basarse sobre los intereses personales de niñas y niños, y no en su género o sexo al nacer. Todos los juguetes son neutrales pero lo que NO es neutral es la manera en que son comercializados. En este sentido, la industria del marketing ha desarrollado algunas estrategias para hacer de la industria del juguete una socialmente responsable. Por ejemplo, la revista FamilyFun premia a los mejores juguetes del año, incluyendo el criterio de “combatir los estereotipos de género” en su evaluación. La organización Girls Inc. dedica una semana al año a desarrollar la ‘Girls Inc. Week’ para crear conciencia sobre el rol de los medios de comunicación en la perpetuación de la desigualdad de género y contrarrestar cómo los estereotipos limitan a niñas y mujeres. Otra iniciativa destacable es la campaña No Gender December (Diciembre sin género, en español) la cual aboga por la elección libre de juguetes.

Sabemos que el camino es largo. Desde La Rebelión del Cuerpo creemos que mientras se perpetúe la socialización de los estereotipos de género se están sentando las bases materiales y simbólicas para la perpetuación de la desigualdad de género (que, por cierto, mantiene al sistema capitalista y patriarcal más vivos que nunca). Sin embargo, hay indicios que las cosas parecen estar cambiando. Grandes distribuidoras de juguetes como Target, Walmart, y Amazon están restando importancia al etiquetado de género en los juguetes. Inclusive, la tienda de juguetes más antigua del mundo – Hamley’s en el Reino Unido, fundada en 1750 – eliminó el etiquetado de género en 2012. Pensamos que no es posible educar desde las bases si no contamos con el apoyo de medios de comunicación y empresas conscientes de su responsabilidad social y dispuestas a colaborar activamente en cerrar las brechas de género. En este sentido, sólo nos queda exigir ¡dejen a los juguetes ser juguetes!

 

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